Desde el principio tuvimos claro que La Vieja Encina debía ofrecer: un trato educado y cálido, una materia prima de la mejor calidad y un ambiente distendido y relajado. Para lograrlo sólo había un camino posible: ofrecer un espacio limitado a la atención que pudiéramos dedicar personalmente; seleccionar a nuestros proveedores visitándoles directamente en sus tierras, evitando al máximo cualquier intermediario que pudiera restar frescura al producto; y, por último, entregarnos en cuerpo y alma a la actividad diario. Cada día es una nueva función en la que ponemos todo nuestro empeño 

Su buen gusto pondrá el resto.

Carta para un honesto sibarita

¿Ensaladas? Loyo rosso, canónigos, hoja de roble, tomates RAF (temporada)

¿Aliños? Los mejores balsámicos y aceites; Marqués de Griñón…

¿Encurtidos? Ajos confitado, kalamata, manzanilla…

¿Embutidos? Sólo el mejor y más premiado: Bernardo Hernández, pura bellota con 36 meses de curación.

¿Quesos? Monte Enebro, Petit Nevat, Picandu…

¿Salazones? Las mejores anchoas del Cantábrico, la selección en “mariposa” de Angelachu.

¿Pescados? Servido en exclusiva y ex-profeso para nosotros, directo del Cantábrico.

¿Carnes? Carnes de pasto de Cantabria, Valles del Pas, Lesla, Galicia…

¿Postres? Si no son caseros sólo pueden venir firmados por Totel, Michelle Bras y sus acólitos.

¿Café? Después de probar diferentes variadades y sistemas nos hemos inclinado por ofrecer la carta de cafés Nesspresso, crema y aroma asegurados independientemente de quien esté a los mandos de la cafetera